“Saturno, Júpiter, Marte, Luna y Estrella: juntos para siempre”
- naimadigitalweb
- 27 mar
- 2 min de lectura
Había una vez cinco almas libres que durante años solo conocieron el polvo de los caminos, el hambre silenciosa y la desconfianza hacia el mundo. Eran podencos, nacidos para correr bajo el sol, pero obligados a sobrevivir en la dureza de la calle.
Se llamaban Saturno, Júpiter, Marte, Luna y Estrella.
Nadie sabe exactamente cuánto tiempo vagaron juntos, pero su unión era fuerte, casi como si fueran una pequeña constelación perdida en la tierra. Saturno era el más sabio; sus ojos parecían haber visto demasiado. Júpiter, grande y noble, siempre caminaba delante protegiendo a los demás. Marte era inquieto, rápido como el viento. Luna, silenciosa y dulce, observaba todo desde la distancia. Y Estrella… Estrella era la chispa, la pequeña luz que aún creía que algo bueno podía existir.

Cuando llegaron al refugio, no confiaban en nadie. Sus cuerpos estaban a salvo, pero sus corazones seguían corriendo, como si aún estuvieran huyendo. No entendían las manos que querían acariciarles, ni las voces suaves que les hablaban con cariño.
Al principio, se quedaban juntos en un rincón, mirándolo todo desde lejos.
Pero el amor, cuando es paciente, encuentra la forma de entrar.
Un día, alguien se sentó cerca de ellos sin intentar tocarlos. Solo estuvo allí. Otro día, alguien dejó comida y se alejó un poco más de lo normal. Poco a poco, sin darse cuenta, dejaron de temblar.
Fue Estrella la primera en acercarse.
Luego Luna.
Después Marte, con curiosidad.
Júpiter tardó más, pero cuando lo hizo, apoyó su gran cabeza con una confianza que emocionó a todos.
Y Saturno… Saturno fue el último. Pero cuando permitió aquella primera caricia, fue como si todo su pasado se derrumbara en silencio.
En el refugio descubrieron algo que nunca habían conocido:la calma de dormir sin miedo,la alegría de correr por juego y no por necesidad,el calor de unas manos que no hacían daño.
No dejaron de ser libres, pero aprendieron que también se podía ser amado.
Pasaron los años, y cada uno, a su manera, floreció. Ya no eran aquellos perros salvajes que llegaron un día; eran una familia llena de vida, de miradas dulces y de momentos compartidos.
Y cuando llegó el momento de partir, no lo hicieron como llegaron.
No estaban solos. No tenían miedo. No huían de nada.
Se fueron llevando consigo todo el amor que habían aprendido… y dejando aún más atrás.
Dicen que ahora, en el cielo de los perritos, hay cinco luces que corren juntas.
Saturno observa desde la distancia, tranquilo. Júpiter sigue cuidando de todos. Marte corre sin cansarse jamás. Luna descansa bajo una luz suave. Y Estrella… Estrella brilla más que nunca.
Y aunque ya no estén aquí, quienes los conocieron saben algo con certeza:
nunca más volvieron a estar solos.


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